El sistema de diagnóstico a bordo (OBD, por sus siglas en inglés: On-Board Diagnostics) es una herramienta esencial para garantizar el correcto funcionamiento de los vehículos modernos. Su principal función es supervisar los componentes electrónicos y mecánicos del coche, detectar fallos y facilitar su reparación.
El OBD funciona mediante una red de sensores que recogen datos del motor, emisiones y otros sistemas del vehículo, los cuales son enviados a la unidad de control electrónico (ECU). Cuando se detecta una anomalía, el sistema genera un código de error que puede ser interpretado por un dispositivo de diagnóstico o un escáner automotriz.
La compañía de telemática Geotab también destaca la importancia del OBDII —la versión más extendida de este sistema— como una evolución clave que estandarizó la conexión de diagnóstico en todos los vehículos desde mediados de los años 90. El OBDII no solo permite identificar fallos mecánicos, sino que además ofrece información en tiempo real sobre parámetros como el consumo de combustible, la velocidad del motor o las emisiones contaminantes.
Este estándar, además, abrió la puerta a una nueva era de diagnósticos más completos, que posteriormente evolucionaron hacia protocolos como el UDS (Unified Diagnostic Services) y el WWH-OBD, capaces de ofrecer un análisis más profundo y preciso de los sistemas electrónicos del automóvil.
En resumen, el sistema OBD y su evolución OBDII constituyen la base del diagnóstico automotriz moderno. Gracias a ellos, tanto fabricantes como talleres y conductores disponen de información fiable para prevenir averías, optimizar el rendimiento del vehículo y reducir el impacto ambiental




